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Su nombre correcto sería el de revellín de La Trinidad, por estar situado por delante de la cortina del mismo nombre, aunque popularmente se le conoce como fuerte de San Roque. Los revellines se utilizan para proteger las cortinas y las puertas de la fortificación principal.
El revellín de La Trinidad se construyó a partir de 1735, siguiendo el proyecto del ingeniero militar Diego de Bordick, que aprovechó la experiencia acumulada en el asedio lusobritánico de 1705, cuando baterías enemigas instaladas en este sector batieron fácilmente los muros del baluarte de San Pedro.

Este revellín consta de dos caras y dos pequeños flancos, y en origen no tenía ninguna edificación interior. En la primera mitad del siglo XX se reformó para albergar primero el Parque de Bomberos y después los Servicios de Limpieza municipales, según el proyecto del arquitecto municipal Rodolfo Martínez. Recientemente ha sido restaurado, eliminándose la torre del Parque de Bomberos.

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